domingo, 2 de enero de 2011

TROZOS DE VIDRIOS VERDES

Me aproximaba a los doce años cuando un día mi mamá organizó viaje para visitar a una familia amiga que habían conocido cuando mi papá trabajaba en la fábrica de tejas y ladrillos en medio de la loma de cristo rey;me entusiasmaba mucho volver a estar cerca de personas que habían compartido con nosotros momentos felices y claro,también los que no lo fueron tanto.
La familia nombrada vivía entonces en un barrio muy cercano a la loma de cristo rey,tirando para la carretera;yo recordaba que ellos no tenían aun hijos varones pero si dos hijas,una de las cuales,la menor,me superaba en dos o tres años y era la más callada de ellas además de ser la que más me gustaba.Llegamos a la casa,que seguía siendo humilde y rodeada de pequeñas lomas de tierra amontonadas por las máquinas de la fábrica,que ya había dejado de funcionar;el recibimiento fue tan especial como suelen ser los recibimientos entre las personas sencillas y humildes que solo tienen afecto para compartir en abundancia.Se encontraban solas la señora Encarnación y su hija menor,quienes nos contaron que su otra hija y su esposo y padre se habían marchado a visitar a sus abuelos paternos.Nos ofrecieron almuerzo y luego de éste,la señora Encarna invitó a mi mamá a enseñarle su nueva máquina de coser singer de pedal,que le había regalado su marido para el último día de la madre;empezó por decirle que se le podía poner motor y así la costura sería más suave y muchas cosas más;mientras las madres conversaban y compartían conocimientos,yo salí hacia el patio que daba contra una pequeña loma de tierra;al poco rato apareció la hija de misia Encarna y me propuso que le ayudara a buscar trozos de vidrio que se encontraban medio escondidos entre la tierra del camino y las lomas,me indicó que solo los que fueran de color verde,esos que quedan de las botellas de vino o bebidas especiales que los técnicos que una vez llegaron a la fábrica,acostumbraban consumir.Yo accedí y empezamos a caminar mirando el suelo y los bordes de las lomas;ella parecía tener un don especial pues cada cierta cantidad de metros de recorrido,se inclinaba y recogía trozos,mientras que yo no encontraba ninguno;cuando nos habíamos alejado un buen trecho de la casa,en un recodo del camino y entre dos lomas,apareció una especie de cueva pequeña,al parecer formada caprichosamente por la lluvia;su piso estaba cubierto de pasto verde muy limpio.Mi guía dejó a un lado los trozos de vidrio recogidos y sin motivo aparente y sin mediar palabra alguna,levantó su vestido,enseñándome su sexo,un pequeño manojo de pelo muy negro y me preguntó si me gustaba;no recuerdo si respondí y si lo hice,lo que respondí;solo recuerdo que sentía mi corazón avanzando hacia mi garganta y latiendo muy fuerte,y presentía que muy pronto saldría expulsado por mi boca.
Ante mi estupor e inacción,la hija menor de misia Encarna,se encargó de todos los actos de la ceremonia,incluido claro está,bajar mis calzonarias de mis hombros para que mis pantalones quedaran libres;se tendió sobre el pasto muy limpio y me invitó a hacer lo mismo,pero sobre ella;lo que pasó en los minutos siguientes,es una suma de sensaciones borrosas,extrañas,nuevas,imposibles de narrar con veracidad;quizá fueron minutos,pero a mi me parecieron muchas horas de viaje por senderos desconocidos,pero seguramente soñados con anterioridad.
Ella indicó cuando ponernos en pie,colocó calzonarias y pantalón en su sitio y sin mediar palabra,al igual que al inicio,recogió los trozos de vidrio y me indicó que mirara hacia el sol a través de uno de ellos,para que descubriera que existía otro mundo paralelo al nuestro;en verdad así era,pues el sol radiante y enceguecedor,se tornaba brillante pero sin lograra herir mis ojos,desprovisto del resplandor de su alrededor,y era un disco verdosos,nítido.En esos precisos momentos,aparecieron tras la loma,mi madre y la de mi guia,que preguntaron que estábamos haciendo;yo quedé mudo,pero mi acompañante explicó que me enseñaba a mirar el sol de una manera diferente,con los vidrios verdes;mi mamá me recomendó cuidado para que no me fuera a hacer daño y misia Encarna le comentó que su hija !era como loca! pues siempre estaba recogiendo y tirando trozos de esos vidrios para enseñarle lo mismo a los ocacionales niños que les visitaban.
La visita terminó,nos marchamos mi madre y yo,y en el camino hasta el paradero del bus,ella me preguntó si la había pasado bien y si me había gustado lo que me había enseñado la hija menor de misia Encarna;yo le contesté que sí,porque ahora sabía que existía un mundo paralelo al nuestro,al que se podía acceder simplemente mirando a través de un trozo de vidrio verde.

3 comentarios:

Musa Esquizoide dijo...

buenísimo, me has hecho reír

gregorio dijo...

gracias por tu comentario y por el tiempo que inviertes en leerme.

Anónimo dijo...

me entretuve un buen rato leyéndote.... que escritos tan entretenidos.....