domingo, 9 de noviembre de 2008

El niño dios

En mi infancia,me causaban especial deleite los dias nublados, grises, que presagiaban lluvia pues luego de la lluvia disfrutaba jugando en los charcos aunque corriera serios riesgos de ser castigado.Ahora, durante los dias grises,frios y lluviosos del otoño en éstas latitudes,se adentra en mi espiritu ese virus llamado nostalgia,que arrasa, que trasporta a épocas quizá con más carencias materiales pero pletóricas de momentos felices y sencillos.
Al acercarse la navidad,su espiritu se sentía en el ambiente y como todo niño, empezaba a fabricar sueños en mi mente sobre aquello que me gustaría recibir el día del niño dios;inmerso en la inocencia soñaba, pero acostumbrado a las carencias intuía que todo podría quedarse en meros deseos e ilusiones.
Casi siempre papá llegaba el último día con algo de dinero para comprar comida,algo de ropa o juguetes, pues en sus trabajos, la "prima" siempre llegaba a última hora,eso cuando tenía trabajo.
Un día de navidad,al despertar,encontré de regalo de niño dios, un camión de cabina de latón y color azul,con cajón de madera;me invadió la alegría natural e inmediatamente empecé a jugar con él y ayudado por mi papá, le até una piola delante para arrastrarlo,pues aun no se le permitía a los juguetes el moverse por si mismos.
Pasados algunos días,un compañero de juegos insinuó que mi camión era casi identico al que había recibido el año anterior de parte del niño dios y pensé que algo de razón tenía,pues al cogerlo entre mis manos sentía como si sus formas estuvieran "hechas a mis manos".
Un día, expontaneamente,mientras mi papá me ayudaba a reponer la piola con la que tiraba del camión le dije que ese camión se me parecía mucho al que había tenido el año anterior;mi papá no dudó en darme la explicación:el niño dios se dió cuenta que usted quiere mucho ese carro del año anterior y quizá por eso le trajo uno muy parecido!
De ésta manera mi papá se libro de la comprometedora explicación que incluiría el saber que debido a la dificil situación económica que nos rondaba constantemente, había tenido que pintar de otro color el carrito que me había comprado el año anterior y de paso destruir la ilusión de la existencia de un ser superior, arraigada en mi cerebro infantil.A mí me bastó la explicación y agredecí el conocimiento y la sabiduría del niño dios,quien siempre estaba pendiente de mi felicidad y alegría.A partir de ahí,disfruté mucho mi nuevo camión y de paso busqué infructuosamente el antiguo para organizar alguna competencia;viendo mi afán en la búsqueda y mi extrañeza por no encontrar el anterior juguete,papá hizo de nuevo la claridad en mi mente:el niño dios se lo llevó para entregarlo a otro niño muy pobre!;aquel año mi felicidad fué doble al imaginar que en algún lugar de mi ciudad, otro niño sería tan feliz como yo!.




domingo, 2 de noviembre de 2008

La Pila






Estaba ubicada en alguna zona despoblada del barrio.Consistía en una pequeña pared de cemento con tres o cuatro grifos en cada una de sus caras.El agua la recogian los habitantes del barrio en cualquier cosa que pudiera hacer las veces de recipiente:desde una olla de alumnio,hasta tarros desocupados de leche, pasando por las latas de manteca, que definitivamente se pusieron de moda ,por lo menos hasta mediados de los sesenta cuando se empezaron a importar mercancias en recipientes de plastico,que luego de usadas, dejaban sus envases libres para usos diversos de la población.

La hora en que "llegaba el agua",era siempre muy entrada la noche, cuando los vecinos empezaban a dejar sus recipientes "haciendo cola".Cuando mejor y más rápido se llenaban los recipientes era en las horas del amanecer, por lo que a eso de las cuatro de la mañana las filas se empezaban a formar;el irrespeto al turno de cada persona era causante de continuas y violentas peleas,pues como siempre, no faltaban los avivatos que querian dormir un poco más y desocuparse más rápido, saltandose el turno,corriendo disimuladamente hacia atras algun balde,lata,o tarro que se encontraba antes que el propio.

Mi papá,antes de irse a trabajar o a buscar trabajo segun el caso,hacia varios viajes con las latas de manteca,de aproximadamente quince litros,y las vaciaba en una caneca metalica que se encontraba en el patio de la vivienda;de ésta agua bebiamos, cocinabamos, y nos aseabamos;mi mamá, conciente del esfuerzo de papá para hacerse al preciado líquido,juntaba la ropa sucia en una sabana, y esperaba alguna tarde para junto con alguna vecina y en compañia de sus correspondientes hijos, caminar hasta cañaveralejo,que en ese entonces tenía un caudal respetable, y allí lavarla mientras conversaba de sus sueños, sufrimientos y alegrías y los niños aprovechabámos para divetirnos bañando en el rio.

El viaje hasta la pila y desde ella con cualquier recipiente cargado de agua, era una tortura,por las horas de espera,las distancias;los momentos más dificiles aparte de aquellos cuando la presión del agua disminuía hasta convertirse practicamente en un goteo,eran aquellos durante el invierno;las calles alumbradas precariamente con pequeños bombillos de luz amarillenta,convertidas en lodazales se hacian intransitables y convertian el viaje hasta la vivienda en una odisea;algunos resbalaban y veian como el fruto de todo su esfuerzo se confundia entre la hierba, el barro, algunas risas y sus propias maldiciones.

El esfuerzo de buscar el agua era apenas el inicio de una cadena de luchas cuesta arriba,desmesuradas,que solo la capacidad de soñar, que nunca abandona al pobre,hacía posible enfrentar dia a dia;durante la espera en la fila de la pila,los comentarios hacían siempre referencia a cuan lejos o cerca estaría el día en que el agua llegara hasta las casas como ocurría en los barrios del centro;cuando tendrían un verdadero alumbrado, y si quizá algún dia sus calles tendrían un pavimento que no se derritiera con la lluvia.

Ante tanta necesidad,ante las carencias abrumadoras,algunos niños alentados por ellas, se inventaron una forma de conseguir algunos centavos:con una guadua larga construian un artefacto que servia para trasportar las latas con agua;en uno de sus extremos incrustaban un eje de hierro para dos ruedas y en el cuerpo de la guadua algunas amarras con un gancho de hierro de los cuales pendian las latas y recipìentes de quienes por una u otra causa no tenian fuerzas suficientes para trasportarles:las mujeres embarazadas,los más ancianos.Algunos con vision de empresarios,poseian hasta tres "vehiculos" que los convertian en "trabajadores independientes";otros con menos creatividad se convertian en cargadores, quienes provistos de un trozo grueso de tela, lo colocaban en su hombro como protección y así trasportaban las latas con agua.Había quienes se dedicaban a reunir latas de manteca,limpiarlas cuidadosamente y ponerlas a la venta;alrededor de una carencia surgía la oportunidad de subsistencia.recordando éstas situaciones, no deja nunca de causar malestar, las voces que pregonan aquello de que a los pobres les gusta todo regalado.Ya desde hace cuarenta años o más, los "independientes" hacian cola alrededor la pila".